Saltar al contenido
Portada » Blog » Absurdo » Una anécdota escolar divertida: El misterio de la tecla

Una anécdota escolar divertida: El misterio de la tecla

— Publicidad —
Crea tu página de contacto ¡GRATIS! en DaleUn.Click

Siempre que llevo a uno de mis niños a la escuela, la rutina es sagrada: damos vueltas al patio de atrás, ese ecosistema compuesto por una cancha de basquetbol y una pista para caminar. Es el ritual necesario para bajarle un poco la hiperactividad a mi muchacho, y de paso, convertirme en protagonista de alguna anécdota escolar divertida que nadie pidió.

Padre e hijo caminando en una pista de atletismo mojada, imagen de fondo para una anécdota escolar divertida.

Hoy, sin embargo, el destino conspiró en mi contra. No pude terminarme mi café, solo le di un trago y me quedé en ese estado de letargo, caminando como zombie, con la mirada clavada en el piso. ¿Sabes esas plantas colgadas que se marchitan y solo se levantan cuando les pega el sol? Bueno, pues yo era lo mismo, pero mi sol era el café que me faltaba para que mi cerebro arrancara.

La pista del crimen: El inicio de esta anécdota escolar divertida

Caminábamos lento, bajo el lema de «despacio que llevo prisa«, cuando algo rompió la monotonía del asfalto. Ahí, justo en medio del camino, había una tecla. Una tecla con el signo de división. No era de un teclado de computadora —demasiado pequeña y la computadora utiliza diagonal / en vez del signo ÷ —, y tampoco de un celular Blackberry de esos que todavía usan algunos fósiles tecnológicos que se niegan a evolucionar.

Tecla de calculadora abandonada en una pista de atletismo, parte de una anécdota escolar divertida.

¿Qué carajos hace una tecla de división a medio camino?, pensé. No la levanté; la dejé ahí, como evidencia intacta. Pero la intriga ya me había picado. Dimos otra vuelta y, efectivamente, ahí seguía la condenada tecla. Comencé a escanear el suelo con la precisión de un perito forense. A unos metros, un clip. ¿A canijo? ¿Algún huracán se habrá llevado una papelería entera y mandó a la chingada toda la mercancía por estos lares? Ha estado lloviendo feo, sí, pero no para tanto.

El "Sherlock Holmes" de la pista

El misterio se estaba poniendo bueno. En la tercera vuelta, mi mente ya estaba jugando al detective: si hay una tecla, a un lado debe haber otra.

Y sí. Ahí estaba: la tecla de igual. Confirmado. Esto era un homicidio de calculadora.

Me vino un flashback involuntario. Cuando iba en la prepa, esa etapa donde uno se siente invencible y cree que puede parar un meteorito con las manos, tuve mi propio encuentro con el destino. Iba en bici, lloviendo a cántaros, con una cartulina envuelta en plástico en la mochila. 

Como uno está medio pendejo y no mide las consecuencias, le metí pata a la bici. Pero al saltar un tope, la vida me dio una lección de física aplicada: o te desapendejas o te va a cargar la chingada. Me di vueltas y más vueltas en el asfalto. Por mi cabeza solo pasaba una cosa: mi exposición, hecha chicharrón en salsa verde.

Un joven estudiante en bicicleta cae al suelo bajo la lluvia, cartulina en mochila, escena de una anécdota escolar divertida.
Me levanté con un raspón ensangrentado en la mano, el manubrio de la bici chueco y, milagrosamente, la cartulina intacta. Tuve que ir a exponer así, con la ropa mojada y la mano chorreando sangre. Dignidad: cero. Exposición: lista.

El culpable: la frustración juvenil

Até cabos. Si un mocoso se puso a correr como loco, en patineta o bici, y le pasó lo mismo que a mí, el resultado es el mismo: un putazo que mandó a la chingada todos sus útiles. El clip me decía que el pobre intentó recoger todo, pero se le olvidaron los detalles. ¿Pero las teclas?

Seguimos caminando. Puse atención al pasto que rodea la pista. Y ahí, con mi diploma de Sherlock Holmes recién impreso, vi la evidencia final: el cascarón de la calculadora, destripado, esparcido como restos de un banquete.

Restos de una calculadora escolar rota y esparcida sobre el pasto, escena final de una anécdota escolar divertida.

Este cabrón, cuando vio que su calculadora estaba hecha pedazos, la mandó a la chingada de una patada, frustrado por el examen que probablemente no iba a pasar.

Misterio resuelto.

Al final, aunque el misterio terminó con una calculadora destripada, esta anécdota escolar divertida se queda en mi archivo personal como la prueba de que el caos siempre está ahí, solo hay que saber mirar al suelo…

…Bueno, o existe la posibilidad de que un puerco la haya aventado desde la calle. Tampoco descarto esa opción.

— Publicidad —
Tu tarjeta de presentación digital en Profesionista.Click

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Índice