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El «Viene Viene» a Control Remoto

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Todos conocemos a un viene viene, ese sujeto especializado en hacerte sentir que estas bien pendejo manejando en reversa. Los encuentras en centros comerciales, estacionamientos y de vez en cuando en calles entre los mercados; son como los NPC de un videojuego mal programado que, en lugar de darte una misión, te dan un infarto cuando ves que tu defensa trasera está a milímetros de un poste de concreto.

Existen varios niveles de este «arte» urbano, y es vital que sepas identificarlos antes de que el daño sea permanente:

  • El Nivel Básico: Es ese que nada más te ayuda a salir de reversa o en espacios pequeños; solo eso. Si en el ínterin te abren el carro o se roban hasta los limpiaparabrisas, no le puedes reclamar nada: el tipo no se encarga de eso, su jurisdicción legal termina donde empieza tu paciencia.
  • El Nivel Estratega: Ese cabrón conoce a todos los malandros de los alrededores y tiene trato para que no le hagan nada a tu carro; eso sí, tienes que darle buena propina porque tiene que repartir, si no, se te voltea y en vez de cuidarlo, le llama a sus compas (los malandros) para que te apliquen el «aquí no es zona segura».
  • El Nivel Súper Ultra: Este es el que te avisa dónde hay lugar, te ayuda a estacionarte, a salir y, por una módica cantidad de 200 pesos, te lava el carro. Ojo, porque los precios varían mucho: podrías encontrar rangos desde 120 pesos, pero al de 120 lo lava con trapo y agua estancada y no te sorprenda que terminarás lleno de rayones. Este cabrón es peligroso: si le dices «no, no lo laves», o «para la otra», se deslinda de todo, ya no te ayudará a salir, ni lo cuidará ni nada. Buscará otro cliente que sí jale y te quedas solo donde lo hayas dejado, así que si te interesa que cuiden el carro porque traes la herencia de la abuela y solo bajaste a comprar algo de comer, mejor dile que lo lave, y solo por fuera, no seas bartolo.

De éstos últimos surgió esa frase célebre: «Se lo cuido y se lo lavo»; lástima que ya no la usan mucho o, más bien, se perdió esa perla de la cultura popular en el tiempo.

La estafa profesional y el "yo no sé"

Yo regularmente dejé de confiar en estos «profesionales» de los estacionamientos cuando un día me confié que me decía «viene, viene», y me llegó un carro de lado. El sujeto solo puso cara de «yo no sé». 

¡Cómo cabrón, que no sabes, pues si me estás echando aguas! ¿Pues de qué se trata? 

Te imaginas a un abogado que en vez de defenderte le ayude al contrincante para que termines en la cárcel, y te diga «pues yo no sé». No manches, solo venía por una infracción de tránsito y ahora resulta que soy el hacker más buscado.

Taxonomía del 'viene viene': De lo mala onda a la pasividad zen

También, entre los niveles de trabajo, existen los buena y mala onda.

  • Los mala onda: Estos te reclaman si les das menos de 20 pesos; olvídalo, te dirán de cosas. Y si se te ocurre darles algunas monedas de a peso, son capaces de lanzártelas en la cara o en el parabrisas. ¡Cómo te atreves, cómo te atreves a ofender tan bonita profesión donde con tanto cariño te dicen viene viene! Tú no sabes cuántos años han gastado en entender todas las vueltas de volante de todos, pero todos los coches habidos y por haber para poder decirte, «ahí sale, patrón». No es cualquier cosa, y tú los ofendes con 3 pesos. No manches, ni una fibra hotelera podrían comprarse (la fibra hotelera FIHO 12 cuesta $7.24 al día de hoy).
  • Los buena onda: Esos sí no se molestan si les das, no les das, o alguna vez le das poco. Siento que estos monos son así porque siempre trabajan en el mismo lugar y saben que te verán muchas veces, así que ni para qué echar bronca, pues ya sería bronca diaria, así que se la llevan pasivamente.

El "maestro" de las matemáticas y el Apocalipsis Zombi

Del que les voy a contar, es de un señor ya grande, de unos sesenta y tantos, que siempre estaba en el Aorrará. La verdad, como les dije, no me gusta que me ayuden, pues luego sale peor confiar en ellos que mejor salir despacio; pero bueno, ya que el señor era amable, me dije: «vamos a darle poco a ver de cuál tipo es». Pues el señor muy correctamente me lo agradeció. Mmm, pensé, ok, es de los buena onda, así que cada que iba pues le daba algunos pesos, y solo algunos pesos, pues a ese centro comercial yo iba casi diario y en ocasiones dos veces al día, así que no le iba a dar uno de a 50 diarios, pues no va por ahí la cosa.

«En algunas ocasiones iba con mis niños y los saludaba y preguntaba que en qué año iban; yo le contaba y él ofrecía sus servicios extra aparte de viene viene: ¡daba clases de matemáticas!»

¡Ah, cabrón!, esta es la primera vez que un viene viene también me ofrece clases de matemáticas. Pensé: este canijo se me hace que era maestro y terminó aquí porque dijo: «nel, yo no nací para maestro, lo mío es ser viene viene, yo quiero ser viene viene; no moriré siendo lo que no me gusta ser, un simple profesor de matemáticas, pudiendo progresar en lo que más me gusta».

El día que se volvió mutante

Pero el encanto se acabó cuando un día llegamos, lo vimos y estaba agachado como buscando hormigas, y caminaba estilo zombi, un pie de lado y el otro arrastrándolo. Pensamos: ¿qué pasó? ¿se volvió mutante o algo así, o ya se estaba armando para el Halloween?. Pero no, tenía tanto alcohol en la sangre que si le aventabas un cerillo se volvía la antorcha humana. Estaba ebrio, borracho, beodo, como quieras decirle; no podía enfocar la vista o tal vez veía a través de nosotros.

«Recuerdas al tipo de Robocop que cayó en ácido y sale derritiéndose para atravesarse a un carro y lo hacen sopa; pensamos que estábamos en esa escena».

Tuvimos que rodearlo y él siguió echándole aguas o haciendo el viene viene a un auto fantasma cuando lo vimos por el retrovisor. Cada quien sabe cuántas piedras trae en su costal y por eso este señor se convirtió en el viene viene del Aorrará cercano.

El genio del control remoto

Luego de ausentarse una semana —y cómo no, para beber tanto alcohol y terminar en ese estado te da una cruda que sí dura muchos días—, lo volvimos a ver ya como nuevo, bueno, exagero; el señor ya carga más años que mañas, pero bueno, a como lo conocimos.

Pero regresó cambiado: ahora se sentaba en una media barda y te echaba aguas desde ahí, sin acercarse a tu carro. Él seguía sentado y tú tenías que maniobrar para acercarte o bajarte del carro para darle propina. Pero lo valía, ¿cómo no?, porque el cabrón había inventado el viene viene a control remoto.

Nota del editor: No todo es caos en el estacionamiento

Como dice el dicho, «justos pagan por pecadores», pero existen viene viene que en realidad se dedican y ayudan de verdad. Con esa acción, no solo te facilitan la vida, sino que también llevan el sustento a sus familias.

A lo largo de los años he conocido a varios de estos personajes: están los que cuidan tu carro como si fuera propio y los que, además, te hacen el paro lavándolo con dedicación. Se convierten en amigos y compañeros de esos momentos donde realmente necesitas una mano; cuando ya te conocen, la ayuda va más allá de su labor diaria. No se limitan a «echar aguas»: te ayudan a empujar el carro si no prende, te echan la mano a subir las compras a la cajuela y están ahí para lo que se ofrezca.

Al final del día, este post es una crítica al absurdo y al mal servicio, pero un reconocimiento total a quienes, en medio de tanto estrés vial, todavía tienen la vocación de echar la mano con honestidad.

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